Sofia
Me quedé ahí, frente a él, con mis labios aún temblando y el corazón retumbando tan fuerte en el pecho que sentía que todo el convento podría escucharlo.
Cuando me separé del padre Fernando, vi sus ojos, tan abiertos y sorprendidos como los míos, pero con ese brillo contenido que siempre he visto en él cuando me habla, cuando me defiende, cuando me mira en silencio mientras hago cualquier tontería en el convento.
Sentí un calor abrasador subirme por el cuello hasta las mejillas. De inme