Fernando
Desde anoche no he podido borrar esa sensación de calor, suavidad y temblor que me dejó su beso. Es como si me hubiera tatuado la boca, el corazón, los huesos… todo.
Desperté antes de que saliera el sol, con la misma angustia en el pecho que me había acompañado durante toda la noche. No pude dormir más. Me quedé sentado en mi cama, con la cabeza hundida entre mis manos, respirando agitado como si hubiera corrido kilómetros.
–Dios… ¿qué he hecho? –susurré.
Pero apenas esas palabras sa