La puerta de la suite se cerró tras Sean con un clic seco.
Julie estaba sentada en el borde del sofá, las manos entrelazadas, el abrigo aún puesto.
La habitación era una armonía silenciosa de tonos grises, luces cálidas, y mármol sutil.
Pero lo que se respiraba no era calma.
Sean se acercó sin sentarse.
La tensión colgaba entre ambos como una lámpara mal colgada.
Listos para hablar.
O para estallar.
—Gracias por esperarme —dijo él con voz controlada.
Julie asintió, sin m