Los días no se contaban en horas, sino en pendientes marcadas en la pizarra que Sean colgó frente al escritorio en su suite. Melbourne no era solo una ciudad ahora: era una promesa. El nuevo hotel, bajo el sello compartido de *Wilton & Co.* y su propia firma, debía ser impecable. Un comienzo que definiera el ritmo mientras él se ausentara para algo aún más importante.
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Margot—visionaria, precisa, directora general del proyecto conjunto—se convirtió en el contrapeso perfecto para Matías. El