Al ingresar al lobby del nuevo hotel en Manhattan, los flashes rebotaban contra el mármol como si fueran parte de la decoración.
Savannah se acercó con paso elegante y labios pintados de rojo escarlata.
—Sean, qué gusto tenerte aquí —dijo con una sonrisa que no se extendía a los ojos—. Justo antes de que suban, quería comentarles que esta noche habrá una recepción privada en el salón sur.
Aperitivos, postres, y una vista perfecta para relajarse antes de la gran inauguración de mañana.