El viaje por Italia se convirtió en una sucesión de paisajes que no necesitaban filtro: calles empedradas que contaban historias, balcones con macetas rebeldes, mercados donde el idioma era tan cálido como el pan recién salido del horno.
Sean conducía el Maserati con la soltura de quien recordaba cada curva. Julie lo miraba en silencio a veces, como si verlo en su país de origen revelara nuevas capas de él que Londres o Australia no le habían mostrado.
Pasaron por Liguria, donde los olores