Julie se soltó del brazo de Sean despacio, como si le doliera desprenderse pero necesitara hacerlo. No lo miró del todo, solo bajó la vista y murmuró con una voz suave que apenas despegaba del pecho.
—Gracias.
Sean entreabrió los ojos. El cansancio y la tristeza acumulados le nublaban el gesto, pero no la intención.
—¿Por qué me agradeces?
Julie se acomodó la bufanda.
—Por volar hasta Londres solo para llevarme a Nueva York…
Eso no lo hace cualquiera.
Sean la observó con cuidado,