El beso entre Julie y Sean seguía encendido, sus cuerpos aún entrelazados junto a la puerta entreabierta. La habitación estaba bañada por una luz tenue, y el silencio solo era roto por sus respiraciones entrecortadas.
Pero afuera…
alguien se acercaba.
Catalina caminaba por el pasillo, aún con el vestido rojo ajustado y la mirada afilada. Al pasar frente a la suite matrimonial, notó la puerta entreabierta.
Se detuvo.
Escuchó.
Y sin pensarlo, empujó la puerta para entrar.
—¿Juli