-Sean, llévame a la suite. Ahora mismo.
La voz de Julie era baja, temblorosa por una necesidad que la sorprendió incluso a ella. Sus dedos agarraron su muñeca con fuerza, clavándose las uñas en su piel lo justo para hacerlo detenerse.
Sean arqueó una ceja; su habitual calma flaqueó por un instante.
—Ricitos, ¿Estas segura?
Su voz era cautelosa, pero había un destello de curiosidad en sus ojos.
Ella podía verlo: la forma en que su mirada se detenía en sus mejillas sonrojadas, el rápido