El alta médica había llegado con discreción esa mañana. Julie, aún con la pierna vendada y una expresión más cansada que resignada, revisaba los últimos documentos sobre los avances del proyecto desde la butaca del hospital. Dos días internada. Demasiados recuerdos, más silencios que conversaciones. Había comenzado a recobrar el ritmo… o al menos a fingirlo.
Sean había ido por el vehículo. Regresaría pronto para llevarla al hotel, pero Julie ya tenía en mente otra opción: su espacio, no el de