La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por la luz del teléfono que descansaba sobre la almohada. Julie se acomodó en la orilla de la cama, con la camiseta larga como pijama y los pies descalzos sobre el suelo frío. El aire cargado de emociones se mezclaba con la voz familiar al otro lado de la llamada.
—¿Así que lo viste? —preguntó Emily desde Londres, con el tono entre afectado y enojado—. El beso. La pose. La forma en que Catalina se comportó frente a todos.
Julie cerró los ojos p