Al día siguiente el restaurante privado del hotel estaba decorado con elegancia sobria: luces ámbar suspendidas sobre la mesa principal, copas alineadas como soldados brillantes, y una mesa larga que reunía a seis personas clave esa noche.
Julie entró con paso seguro. Vestía un vestido negro sencillo, con hombros descubiertos y el cabello suelto en ondas suaves. A su lado, Sean parecía inquieto. Con un saco oscuro sobre camisa blanca, estaba impecable… pero había algo en su mirada. Más alerta.