CAPÍTULO 17. La jaula dorada.
Valentina empuja la puerta del despacho sin molestarse en tocar. Ya no le importa si eso lo enfurece. Lleva días encerrada entre esas cuatro paredes lujosas, sintiéndose como un adorno en una vitrina que nadie mira.
Alejandro levanta la vista de unos papeles. Su ceño se frunce de inmediato.
—¿Es que nadie te ha enseñado que se toca la puerta antes de entrar?
—Necesito hablar contigo —responde ella sin rodeos, avanzando unos pasos hacia el escritorio.
—No tengo tiempo —dice él sin mirarla, volvi