La maleta estaba cerrada.
Camille la observó por unos segundos, como si aquel objeto sencillo representara una decisión imposible de revertir. No había ropa de lujo ni vestidos de gala en su interior, solo prendas sobrias, cuadernos de bocetos, su laptop, planos impresos y una carpeta con documentos personales.
Nada que perteneciera a Hunter.
Nada que la atara a la villa.
El silencio de la casa era absoluto. Hunter no estaba. Había salido temprano para un congreso empresarial, uno de es