La noche caía sobre la ciudad como una manta de acero cuando el informe llegó a las manos de Hunter De los Santos.
Su despacho estaba iluminado por una única lámpara de escritorio. El resto del edificio permanecía en penumbra, pero su mente estaba despierta, afilada, peligrosa. Frente a él, su asistente mantenía una postura rígida, consciente de que cualquier error podía costarle el empleo… o algo peor.
—Este es el informe completo, señor —dijo, colocando una carpeta negra sobre la mesa—. L