Tres años de matrimonio. Tres años de noches vacías, de silencios prolongados, de una cama demasiado grande para una sola persona. Al principio, para Camille De Los Santos, aquello no había sido normal. La soledad dentro del matrimonio la confundía, la hería, la hacía sentirse invisible. Esperaba. Siempre esperaba. Esperaba una llamada, una caricia tardía, una explicación que nunca llegaba. Pero con el paso de los días, los meses… y finalmente los años, se acostumbró. O al menos eso se repetía para no quebrarse. Mil noventa y cinco días exactos. Hoy, el tercer aniversario tocaba a su puerta. Camille apagó la vela lentamente, como si al hacerlo extinguiera también la última esperanza que aún se negaba a morir. La cera caliente resbaló por el plato, igual que sus pensamientos, derritiéndose sin control. Había puesto esmero en cada detalle: la mesa cuidadosamente arreglada, la comida preparada con dedicación, el vestido sencillo pero elegante que había elegido con la absurda il
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