La lujosa oficina de Amadeus Blackwood estaba iluminada por una tenue luz dorada cuando el señor Morgan entró, con porte firme y mirada calculadora. Era un hombre que inspiraba respeto, incluso en alguien tan ambicioso como Amadeus. Sin embargo, hoy, en esa habitación, el equilibrio de poder estaba a punto de cambiar.
—Señor Blackwood, su invitación fue bastante… intrigante. —dijo el señor Morgan, tomando asiento frente al imponente escritorio de Amadeus. —Espero que tenga algo realmente valio