Nathaniel levantó la cabeza lentamente, sus ojos grises reflejando una mezcla de vulnerabilidad y determinación. Por un instante, el silencio entre ambos fue absoluto, apenas roto por el suspiro entrecortado de Elena y el inmenso murmullo del viento que golpeaba los ventanales de la mansión Gray.
Con un movimiento controlado, Nathaniel introdujo su mano en el bolsillo inferior de su abrigo. Sus dedos rozaron la superficie fría del pequeño estuche que había guardado durante meses, quizá años, es