La voz tras ellos llamó inmediatamente su atención, ellos giraron al mismo tiempo. La voz era familiar, se sentía familiar.
Isabella estaba allí, vestida con un abrigo negro, el cabello corto y una sonrisa que mezclaba tristeza y alegría. Su mirada, todavía llena de secretos, los desafió con un brillo felino. —¡así que no fueron capaces de esperarme!
—Siempre llegas cuando el todo está por cerrarse —dijo Amadeus con una media sonrisa.
—Y siempre me las arreglo para aparecer en la próxima puerta