El eco de los pasos de Elena resonaba por los pasillos del hospital, un sonido hueco que se mezclaba con el olor metálico de los desinfectantes y la luz blanca del amanecer.
Había dejado atrás a Amadeus, su mirada, su voz, su herida… y con ello, un pedazo de sí misma que sabía que no podría recuperar. El silencio la acompañó hasta la salida, y cuando abrió la puerta principal, el aire fresco de la mañana la golpeó con la crudeza de la realidad.
Nathaniel la esperaba junto al coche negro que la