Tres meses después…
La mansión Gray amaneció envuelta en un silencio distinto. No era el silencio frío de los días de duelo, ni el vacío que alguna vez acompañó a Elena en su soledad. Era un silencio lleno de vida. De respiraciones suaves. De esperanza.
En la habitación principal, Elena descansaba recostada junto a un pequeño ser que dormía plácidamente entre mantas de lino blanco. Su piel era tan clara como la nieve de invierno, sus ojos ¡cuando se abrían! Reflejaban un tono celeste profundo,