Thomas Morgan regresó a su mansión con el peso de la desesperación sobre sus hombros. En su despacho, repasó el contrato que Amadeus le había entregado, un documento que garantizaba la estabilidad financiera de su familia, pero a un precio que jamás habría considerado en circunstancias normales. El matrimonio de su única hija, Elena, con Amadeus Blackwood. Era su única salida.
Aquella noche, Elena lo encontró sentado frente al fuego, con el rostro envejecido por la tensión. —¿Padre? —dijo, acer