—¿Vas a quedarte en silencio? —mi voz se rompe. No como un cristal estrellado contra el suelo. No. Se rompe como algo mucho más frágil. Como el corazón de alguien que creyó, amó… y está a punto de perderse en su propia desilusión.
Pero Damon no dice nada. Solo está ahí, como una estatua tallada en piedra, como si el silencio fuera su escudo.
—¿Eso es todo lo que tienes? —siseo, apretando los puños—. ¿Ni siquiera vas a darme una mentira reconfortante? ¿Una excusa patética? ¿Una maldita sonrisa q