64: ¿Quién Traicionó a Quién?
Decir que estoy mal sería minimizarlo, casi una burla a lo que en realidad siento. No estoy bien. No estoy siquiera cerca de estarlo. Han pasado horas desde que leí la carta de Ween, y sin embargo, sigo aquí, sentada en el borde de mi cama, releyendo esas palabras como si alguna vez fueran a cambiar, como si por arte de magia todo fuera a tener otro sentido. Pero no cambia. Cada letra, cada frase, cada confesión, me atraviesa una y otra vez como un puñal oxidado que no se cansa de desgarrarme. Q