No sé en qué momento me venció el cansancio. El agua de la bañera estaba tibia, mis dedos arrugados y mis pensamientos dando vueltas como un huracán descontrolado. Cerré los ojos un instante, solo uno… y me perdí.
Un ruido seco, como una puerta golpeando contra la pared, me arrancó del sueño. Abrí los ojos de golpe, aún aturdida, y al principio no supe si era parte de una pesadilla… o si la pesadilla era real.
Él estaba ahí.
Damon.
De pie frente a mí, con la mandíbula apretada y la mirada ardie