No sé cómo describirlo, pero cuando vi a Damon llegar a ese lugar, con esa mirada fría, rota, casi vacía, sentí que algo dentro de mí se quebró. Como si una parte de mí, la más valiente, la más terca, simplemente se rindiera.
Porque no fue su ira lo que me destruyó.
Fue su decepción.
Y la forma en que no me creyó.
Y ahora, estoy aquí. Sentada a su lado, en su maldito auto, después de que sus guardias me llevaran casi a la fuerza allí, con el corazón latiéndome tan fuerte que me duele el pecho.