El reloj marcaba las 10:47 p. m.
El cielo estaba cubierto por nubes espesas, negras como un secreto podrido. Ni una sola estrella. Ni una maldita señal que me advirtiera que algo estaba por romperse esa noche. O tal vez sí y yo no quise verla.
Me había escabullido de la mansión como una ladrona. No fue fácil. Damon había aumentado la seguridad en los últimos días, y todos parecían estar en alerta. Algo lo ponía nervioso. Lo sentía en su forma de mirarme, de evadirme, incluso en su silencio. Com