—No te podría decir. No estaba preocupada en vivir la experiencia, solo en sobrevivir.
Asintió lentamente y un brillo oscuro, calculador, cruzó su mirada.
—¿Podrías estar dispuesta nuevamente?
—¡Adrik! —chillé, totalmente incrédula al escucharlo. Esto no era una conversación; era una tortura.
—Ya. Ya, era una broma, pequeña.
Lo miré fijamente. No, no era una broma. Él no bromeaba.
—Puedes hacerlo, ¿sabes? Te atas y te tiras —Su mirada brilló de repente, como si se le hubiera ocurrido una idea b