POV STEFANO MORETTI
Me quedé de pie junto al gran ventanal del comedor, observando cómo los faros del coche de Luca Giordano se perdían en la oscuridad del camino bordeado de cipreses. El silencio que quedó en la habitación era espeso, cargado del olor a tabaco rancio y el aroma de un ragù que nadie había terminado de comer.
Me serví otra copa de grappa. Mis manos no temblaban, pero sentía un peso en el centro del pecho que no era asma, sino el frío cálculo de la supervivencia.
—Ha sido un erro