POV LUCA GIORDANO
El trayecto desde la villa Moretti hasta mi refugio en la costa fue el silencio más dulce que he saboreado en años. A mi lado, en el asiento trasero del Mercedes blindado, Vittoria era una estatua de seda y miedo. Podía oler su perfume —ese aroma a gardenias y algo metálico, como las lágrimas— llenando el espacio confinado del coche.
La miré de reojo. Sus manos estaban entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Quise tomarlas, quise decirle que ya estaba a