—Hazme tuya. —Me detuve de inmediato y la observé—. Hazlo.
—¿Aún sigues adolorida? —susurre, tragando fuerte.
—El dolor es mínimo. Hazlo.
Negué lentamente, alejándome solo un paso mientras tomaba el jabón líquido y lo vertía en la esponja. La espuma blanca se formó entre mis manos.
—Aunque desee nuevamente estar dentro de ti. —Mi voz salió baja, cargada de deseo contenido—, no lo haremos todavía. —La miré fijamente, sosteniendo su mirada para que entendiera que hablaba en serio—. No voy a lasti