POV ALEKSEY ROMANOV
Tragué duro mientras la observaba dormir a mi lado. Necesitaba estar seguro de que su respiración fuera estable, decente… lo único que importaba era que su pecho subiera y bajara, lento pero constante. Quizá estaba obsesionado con esa idea, quizá por eso había pasado las últimas noches durmiendo con mi mano sobre su pecho, con mi rostro lo más cerca posible de su nariz, respirando con ella, comprobando que no se detuviera, que siguiera viva.
Sentir su respiración me calmaba. Maldita sea, incluso me arrullaba.
—Maldición… —susurré, apenas audible.
Otra vez. Maldición.
Habían pasado unos días desde su primera vez, y no había dejado de pensar en ese instante. En cada minuto. En cada maldito segundo que pasé tocándola, sintiéndola temblar bajo mis manos.
Vittoria era tan inexperta, tan inocente… y aún así, había sido el mejor sexo de toda mi puta vida.
Fruncí el ceño, apretando los dientes.
No era solo sexo. No, joder, claro que no. Había algo más ahí, algo que me atra