POV VITTORIA ROMANOVA
—La pasé muy mal estos meses sin tener contacto con Lía, y ahora que se ha ido nuevamente no sé cómo sobreviviré —exclamó Ana con exageración, llevándose una mano al pecho.
—¿No es posible que se comunique? —pregunté, aunque ya intuía la respuesta.
—Tal vez no. —Se encogió de hombros con un gesto resignado—. A veces pienso que debería yo también... no sé, tomar ese rumbo: las balas, los golpes, la muerte. Pero... —bajó la mirada hacia sus manos, observando sus uñas perfectamente cuidadas, el brillo de sus anillos, la suavidad de su piel— ya no tengo los callos que me dejó la academia. Ahora puedo usar mi ropa de chica y mis uñas largas, así que mejor sigo siendo genial.
Apreté los labios para evitar reírme. Ana era tan femenina que me costaba imaginarla en un campo de entrenamiento, con botas y uniforme, bajo la lluvia o el barro. Pero sabía que había estado ahí... y que era buena. Muy buena. Lo decían sus primos, y eso ya era decir bastante.
—¿Cómo pudiste sobre