Martes por la tarde. Primer día de vuelta en la oficina.
Después de la mañana increíble con León, había llegado a Santiago Capital cerca del mediodía. Carlos me había escoltado discretamente. Un recordatorio sutil de que aunque la amenaza principal había terminado, todavía necesitábamos precaución.
Daniela me había recibido con café y una sonrisa enorme. El resto del día había sido correos atrasados y proyectos descuidados. Poniéndome al día después de semanas enfocada en el testimonio.
Y luego