Un año.
Me desperté antes de la alarma pensando en eso. Un año desde el jardín con las flores blancas y los votos que ninguno de los dos había ensayado y la bebé de Sara sumando su opinión al asunto.
El lado de León estaba vacío. Ya se había levantado.
Bajé a la cocina siguiendo el olor a café.
Estaba en la terraza, como aquella mañana de la boda, mirando el jardín con la taza en la mano. Me vio llegar y se corrió levemente en el sillón para hacerme espacio, aunque había sillones vacíos en toda