Llegamos a casa cerca de las seis de la tarde.
La casa que durante semanas había sido una fortaleza, un bunker
Pero ahora, con Patricio Larraín en una celda real, se sentía diferente.
Se sentía como un hogar.
Carlos y Miguel todavía estaban en sus posiciones. Marcos había insistido en mantener seguridad al menos unos días más.
—¿Cuánto tiempo más necesitamos guardias? —pregunté mientras entrábamos.
—Una semana —dijo León—. Solo por precaución.
Subimos las escaleras juntos. Mi madre se había ido