La presentación era a las diez de la mañana.
Daniela y yo salimos de Santiago a las siete para evitar el tráfico de la ruta y llegar con tiempo suficiente para revisar el material una vez más antes de entrar a la sala. Héctor había dejado café en termos para el camino sin que nadie se lo pidiera, que era su forma de decir que sabía que este día importaba.
León me despidió en la puerta con esa expresión suya de alguien que confía completamente, pero preferiría estar presente de todas formas.
—¿N