Lunes por la mañana llegué a la oficina con plan: evitar a Mauricio hasta tener respuesta clara.
El plan duró exactamente treinta minutos.
—Abril, ¿tienes un minuto? —apareció en mi puerta a las 9 AM.
—Claro.
Entró pero dejó la puerta abierta. Señal de conversación casual, no seria.
—No vine a presionarte sobre Santiago Capital.
—Bien. Porque todavía no tengo respuesta.
—Lo sé. Y está bien. Tómate el tiempo que necesites —se sentó en la silla de visitas—. Pero sí necesito que sepas algo.
—¿Qué?