Viernes por la tarde. Una semana desde la oferta de Mauricio.
Llamé a Sara desde mi oficina con puerta cerrada.
—Necesito tu cerebro lógico. El mío está roto.
—¿Qué pasó?
—León me llevó a cenar el miércoles. Me dijo que siente algo pero que no debería por la diferencia de edad. Que tome la oferta de Santiago Capital. Que me aleje de él.
—Espera. ¿Te dijo que siente algo?
—Con muchas palabras cuidadosas. Básicamente admitió que le importo más de lo profesionalmente apropiado. Y luego enlistó tod