Daniela entró a mi oficina el lunes por la mañana con ojos rojos.
—¿Es verdad? ¿Tú y Mauricio se van?
—Sí.
—¿Y nos dejan aquí? ¿Con Ricardo?
Se sentó en la silla de visitas como si las piernas no la sostuvieran.
—Mauricio era nuestro escudo. Tú también. Y ahora ambos se van. ¿Sabes lo que va a pasar? Ricardo va a destruir este departamento. Va a traer a su gente. A los que le dicen que sí a todo. Y los que quedamos vamos a ser prescindibles.
—Daniela...
—No. Es verdad. Javier y yo somos tu equi