Jueves, me quedaban once días restantes en Valverde.
Llegué a casa a las siete de la tarde después de otro día horrible transfiriendo proyectos. León tenía cena con inversionistas hasta tarde.
Me cambié, me puse pants y una camiseta vieja. Me recogí el cabello sin cuidado y me quedé sin maquillaje.
Versión de mí que nadie en Valverde vería jamás.
Bajé a buscar comida. Héctor había dejado algo preparado con instrucciones detalladas.
Estaba sacando el plato cuando sonó el teléfono de la casa. El