Domingo por la mañana desperté con plan: bajar al gimnasio antes que León.
Si iba a seguir viviendo en esta casa, necesitaba recuperar mi rutina sin la distracción de verlo entrenar sin camisa.
Bajé a las 5:45 AM. El gimnasio estaba vacío. Perfecto.
Corrí en la caminadora cuarenta minutos. Hice pesas. Estiramientos. Salí a las 7 AM sintiéndome victoriosa.
León estaba en la cocina cuando subí. Shorts deportivos. Camiseta. Toalla al hombro.
—Te ganaste el gimnasio hoy.
—Madrugué.
—Eso veo.
Nos mi