Sábado por la mañana. Primera vez en semanas que no tenía trabajo urgente.
Desperté tarde—8 AM, que para mí era tarde—y bajé a desayunar en pijama. Algo que no hacía desde que Inés se fue.
La casa estaba silenciosa. Demasiado silenciosa.
León no estaba en el comedor. Su taza de café habitual no estaba en el lavaplatos. Su maletín no estaba junto a la puerta.
Raro.
Héctor apareció con bandeja de frutas frescas.
—Buenos días, señora Valverde. ¿Desayuno completo?
—Solo café está bien. ¿León ya sal