No dormí bien esa noche.
No por angustia. Por lo contrario, que resultaba igualmente imposible para conciliar el sueño. Había demasiada luz dentro, demasiado ruido quieto de algo que se había asentado en el pecho y no sabía cómo apagarse.
Me quedé mirando el techo con el anillo nuevo en el dedo izquierdo. Lo giraba cada cierto tiempo sin darme cuenta. Una y otra vez. La banda fina, la piedra pequeña, el peso tan diferente al del primer anillo que casi parecía de otra vida.
Porque era de otra vi