El vestido champán me apretaba en lugares incómodos. Isabel había insistido en que era "perfecto", pero yo sabía la verdad: era una mortaja elegante.
Me miré en el espejo del baño. Cabello recogido en un moño bajo, tan tirante que me dolía el cuero cabelludo. Maquillaje natural que borraba cualquier personalidad de mi rostro. Zapatos de tacón que me hacían caminar con pasos pequeños y cuidadosos.
La víctima perfecta.
Mi teléfono estaba en modo grabación, escondido en mi bolso de mano. Sara me h