Era el turno de Lucía de tomarse unas vacaciones.
Pero incluso en su día libre estaba ocupada. Constantemente le llegaban propuestas y planes a la bandeja de entrada de su correo electrónico, y desde primera hora de la mañana su teléfono y su ordenador recibían mensajes.
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Josefina le trajo el desayuno que le habían calentado por la tercera vez.
—¡Señorita, dese prisa y coma! —Josefina estaba ansiosa—. Ya son las nueve, si sigues posponiéndolo, ¡más vale que almuerces!
Los ojos de