Capítulo 997
Santiago se recostó perezosamente en el sofá de piel de cordero.

Hacía tiempo que la criada había preparado el Yega hecho a mano que él siempre bebía, y el aroma del café permanecía en la punta de su nariz, haciéndole sentir como si estuviera soñando.

En el sueño estaba en Santo Córdova, se despertó y volvió a la ciudad central.

—¿Cómo va todo, hijo? —le preguntó Lucía con una sonrisa en la cara—. ¿Qué tal la tarta?

Santiago asintió con la cabeza en respuesta: —Yummy.

De hecho, no tomó más que u
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