Lucía se quedó helada.
No esperaba que Andrés le hiciera semejante petición.
Pero no sabía cómo responderle. Después de todo, para Carla ahora, este hombre era su mundo.
No quería avergonzar a Carla.
—Señor Serrano —Lucía hizo una pausa y sonrió levemente—. ¿No sé qué cuadros le gustan? Se los daré todos. Podrá llevárselos y disfrutarlos despacio, y no tendrá que hacer fotos por todas las casas de los demás, ¿verdad?
Los ojos de Andrés se nublaron.
Las comisuras de sus labios se curvaron suaveme