En el cuarto piso, era suyo 'el observatorio'.
De niño le gustaba especialmente mirar las estrellas, así que su padre se animó y le construyó enseguida este observatorio.
En el centro de la sala había un enorme globo terráqueo, con el telescopio Harley en la ventana.
Este era el mundo privado de Santiago, que en su adolescencia tuvo una fase sensible y vulnerable.
Al no poder disipar sus angustias, acudió a este observatorio y las entregó todas a las estrellas lejanas.
En ese momento volvió a po