—¿Tu hermana? —preguntó, frunciendo el ceño. Era evidente que no se había creído ese cuento. Para ser honestos, no se parecían en nada, así que tenía toda la razón en dudar—. ¿No se supone que está en prisión? ¿O de qué hermana estamos hablando exactamente?
—De una que no necesita lazo consanguíneo para serlo. De una que se ha ganado su lugar aquí —señaló su pecho—, en mi corazón.
Las palabras de Rubí la habían conmovido enormemente, pero no tuvo tiempo de agradecerle. Hablar significaría tarta